Redención y Sanidad
Una de las
verdades más grandes de la Biblia es la de nuestra redención.
En su
definición más simple la redención significa la liberación de la esclavitud
mediante el pago de un precio.
En 1 Pedro
1:18-19 podemos ver claramente lo que significó nuestra redención: “Sabiendo
que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de
vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la
sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”
(Reina Valera 1960).
Eso fue lo
que hizo Jesús por nosotros en la cruz.; fuimos rescatados de la esclavitud del
pecado por medio del pago de un precio, la preciosa sangre de Jesús.
Veamos 4 palabras griegas que se
encuentran en el Nuevo Testamento y que son muy importantes para poder entender
nuestra redención.
1.
AGORAZO
El término agorazo significa sencillamente comprar en un mercado; de manera
más específica un mercado de esclavos; donde estos eran tratados peor que
animales, siendo pateados, golpeados, molestados, comprados y vendidos; se les
maltrataba para determinar cual era su temperamento.
Wuest dice acerca de esta palabra: “La primera (palabra para redención) es
agorazo (1 Corintios 6:20), que significa comprar en un mercado de esclavos).
Éramos esclavos del pecado. El precio de nuestro rescate fue pagado por Jesús,
Su preciosa sangre. Pedro dice en su primera epístola (1:18) que no fuimos
redimidos con las pequeñas monedas de plata y oro que se usaban para comprar un
esclavo y sacarlo de la esclavitud, sino con sangre preciosa y grandemente
honrada, de un cordero sin sangre ni contaminación, la sangre de Cristo.
Además, los creyentes se han vuelto esclavos de nacimiento del Señor Jesús por
derecho de compra. La palabra doulos, esclavo de nacimiento en Romanos 6:18, se
refiere a uno nacido en esclavitud.”
Antes de venir Jesús, Satanás tenía el
control del mercado de esclavos; ahora hemos sido redimidos; pero las personas
que rechazan a Jesús siguen en ese mercado.
Veamos Romanos 6:17-20 para ver esto de
manera más clara: “Pero gracias a Dios,
ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a
la regla de doctrina que les ha sido transmitida y ahora, habiendo liberados
del pecado, han llegado a ser esclavos de la justicia. Voy a hablarles en
términos humanos, teniendo en cuenta la debilidad natural de su carne. Si antes
entregaron sus miembros físicos, haciéndolos esclavos de la impureza y de la
iniquidad cada vez mayor, pónganlos ahora al servicio de la justicia que lleva
a la santificación. Porque cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres
con respecto de la justicia” (Biblia Expandida de Fe).
Este pasaje nos da una idea muy clara
de lo que pasaba antes de conocer a Jesús, estábamos en ese mercado de esclavo;
esclavizados completamente al pecado; pero al recibir a Jesús y nacer de nuevo
hubo un cambio; fuimos quitados de ese mercado y dejamos de ser esclavos del
pecado; ahora somos esclavos de la justicia.
Como dice en 1 Corintios 6:20 ya hemos
sido comprados: “Porque han sido
comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su
espíritu, los cuales son de Dios” (Nueva Biblia de los Hispanos).
La Biblia en Lenguaje Sencillo lo
coloca de esta manera: “Cuando Dios los
salvó, en realidad los compró, y el precio que pagó por ustedes fue muy alto.
Por eso deben dedicar su cuerpo a honrar y agradar a Dios.”
Hemos sido comprados y rescatados del
pecado; ahora tenemos un nuevo amo, al cual debemos honrar, agradar y
glorificar, a Dios.
En Efesios 2:2 vemos cual era nuestra
condición antigua: “En los cuales
anduvisteis [de manera continua] en otro tiempo, siguiendo las corrientes y
modas de este mundo [están bajo el vaivén de las tendencias de esta edad],
conforme al príncipe de la autoridad del aire (la atmósfera inferior), [son
obedientes y están bajo el control de] el espíritu [demoníaco] que ahora está
operando en los hijos de desobediencia [los indiferentes, rebeldes, e
incrédulos que están en contra de los planes y propósitos de Dios]” (Biblia
Expandida de fe).
Ya no vivimos bajo las corrientes ni
modas de este tiempo, ni tampoco esclavizados bajo el dominio de Satanás ya
hemos sido hechos libres.
Ya hemos sido comprados y hecho libres.
Como dice en 1 Corintios 7:23: “Ustedes fueron comprados por un
precio; no se vuelvan esclavos de nadie”
(Nueva Versión Internacional).
Somos libres por el pago de la Sangre
de Jesús hace 2000 años por nosotros, así que no nos dejemos esclavizar por
nadie.
2.
EXAGORAZO
Este término griego significa ser
removido o quitado del mercado de esclavos, sacado para ser hecho libre,
rescatado de la perdición.
Wuest nos dice de esta palabra: “La segunda palabra que Pablo usa (para
redención) es exagorazo; el comprar
a un esclavo sacándolo del mercado. El esclavo de nacimiento del Señor Jesús es
comprado no solo para ser su esclavo, sino que es comprado para salir del
mercado de esclavos, para nunca volver a ponerlo en venta en ningún mercado de
esclavos. Se vuelve esclavo del Señor Jesús por el tiempo y la eternidad.”
En Gálatas 3:13 podemos ver la
aplicación de esta palabra: “Cristo
compró nuestra libertad [redimiéndonos] de la maldición (el destino funesto) de
la Ley [y su condenación] por [Si mismo] al hacerse maldición por nosotros,
como está escrito [en las Escrituras], Maldito todo el que es colgado de un
árbol (es crucificado)” (Biblia Amplificada).
Nuestro precio no fue el de un esclavo
barato; Jesús dio todo lo que tenía, su vida misma.
En Gálatas 4:3-5 volvemos a ver esta
palabra: “Así también nosotros, cuando
éramos menores de edad (en la etapa de niñez), estábamos permanentemente
sometidos a la esclavitud (servidumbre) de las leyes, las normas y los
principios del mundo en que vivimos. Pero cuando llego la plenitud (el
cumplimiento) de los tiempos [, es decir, el día señalado por Dios], Dios envió
a su Hijo, nacido de mujer, nacido en sujeción a [las reglas y regulaciones de]
la Ley, para redimir (pagar el rescate y liberar) a los que estaban sujetos a
la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos [y podamos ser colocados en
nuestra posición de hijos adultos]” (Biblia Expandida de Fe)
Cristo nos redimió para llevarnos de
una posición de esclavos del pecado a hijos de Dios.
3.
LUTROO
Lutroo significa simplemente el pagar
un rescate.
Wuest dice de esta palabra: “La tercera palabra (para redención) es
lutroo (1 Pedro 1:18, Tito 2:14). El sustantivo teniendo misma la raíz quiere
decir “el dinero del rescate usado para liberar a un esclavo”. El verbo quiere
decir: “liberar por el pago de un rescate.” El esclavo del Señor Jesús ha sido
liberado de su primera esclavitud para pecar, para lograr en su vida aquello
que para lo cual fue creado por Dios, para glorificar a Dios y disfrutar de Él
por siempre.”
En 1 Pedro 1:18-19 dice: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra
vana manera de vivir, la cual
recibisteis de vuestros padres, no con
cosas corruptibles, como oro o plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo,
como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (Reina Valera
1960).
En Tito 2:14 dice: “Que se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda
iniquidad, y para purificar para sí un pueblo escogido, celoso por hacer el
bien” (EUNSA).
Jesús nos redimió de toda iniquidad,
para que pasemos de nuestro antiguo amo el diablo a nuestro nuevo amo
Jesucristo, y podamos así tener comunión y servir a Dios.
4.
APOLUTROSIS
Apolutrosis significa rescatar
completamente, liberación, salvación, redención total.
Wuest nos dice de esta palabra: “La palabra redención es apolutrosos que Thayer define como
sigue: ‘el redimir a uno pagando un precio, hacer que uno salga libre por
recibir un precio’; el sustantivo, ‘la liberación efectuada por el pago de un
rescate, liberación, liberación procurada por el pago de un rescate.’”
En Efesios 1:7 dice: “En quien tenemos redención (liberación,
salvación y rescate) a través de su sangre, la remisión (perdón y libertad) de
nuestros pecados (faltas y transgresiones), según las [abundantes] riquezas de
su gracia (el favor y la buena voluntad de Dios hacia nosotros)” (Biblia
Expandida de Fe).
En Romanos 3:24 dice: “Justificándose gratuitamente por su gracia,
por la redención la en Cristo Jesús” (La Biblia de las Américas).
Hemos sido justificados gratuitamente
por la gracia de Dios por medio de la redención que tenemos en Cristo Jesús.
Esto mismo
es lo que hizo Jesús. Cuando Adán pecó, le dio todo el dominio a Satanás, y
trajo el pecado, la enfermedad y la muerte al mundo. Pero Dios nos compró por
la sangre de Jesucristo, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros somos
hechos libres.
Parte de la
libertad que Jesús compró por nosotros fue que el sanó nuestras enfermedades.
En Gálatas
3:13 dice: “Cristo nos redimió de la
maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito
todo el que es colgado en un madero)”.
En
Deuteronomio 28:15-68 vemos que parte de la maldición de la ley eran las
enfermedades; Cristo nos redimió de la maldición de la enfermedad.
En Mateo
18:16 dice: “Mas si no te oyere, toma aún
contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda
palabra.”
Como
queremos demostrar que Cristo nos redimió de la enfermedad veamos 3 testigos
que nos dicen que Cristo nos redimió de la enfermedad.
Nuestro primer testigo es Isaías.
En Isaías
53:4-5 se ve el primer testimonio de que Jesús nos redimió de la enfermedad: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y
abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros
curados.”
En este
pasaje Isaías esta dando una mirada hacia el futuro. 800 años antes del
nacimiento de Jesús, nos da una imagen de la obra de Jesús.
En este
pasaje vemos la doble obra de la redención: El
perdón de pecados y la sanidad de
nuestros cuerpos. Notemos que ambas van de la mano; Dios colocó la
salvación y la sanidad en un mismo paquete. En la cruz Jesús pagó el precio de
nuestra salvación y sanidad.
Nuestro segundo testigo es Mateo.
En Mateo
8:17, nos da su testimonio citando a Isaías: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El
mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”
Mateo nos da
una mirada al presente; recordemos que él fue un testigo presencial del
ministerio de Jesús. Él nos está declarando que Jesús tomó nuestras
enfermedades en su cuerpo.
Nuestro tercer testigo es Pedro.
En 1 Pedro
2:24, nos da su testimonio diciendo: “Quien
llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que
nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya
herida fuisteis curados.”
Pedro nos da
una mirada hacia el pasado; aunque fue un testigo presencial de la obra de
Jesús, aquí esta recordando las cosas
que sucedieron unos treinta años antes.
De estos
pasajes podemos tomar estas conclusiones:
1.
La
obra de la redención fue doble: Jesús perdonó nuestros
pecados y sanó nuestras enfermedades.
2.
La
sanidad sigue vigente el día de hoy. En Hebreos
13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer,
y hoy, y por los siglos.” Es decir Jesús no ha cambiado. Isaías, 800 años
antes; Mateo, mientras Jesús vivió: y, Pedro 30 años después dan testimonio de
ello. Jesús sigue siendo el mismo, la sanidad sigue vigente.
3.
En estos tres pasajes, se habla de
la sanidad en tiempo pasado: “Él llevó,”
“Él sufrió,” “Por sus llagas fuimos”; estas cosas nos hablan de un hecho en
el pasado, por tanto, la sanidad es un
hecho consumado.
4.
Tu
ya estas sanado, como Jesús ya completo su obra, solo debes de
recibir lo que te pertenece.
Una práctica común cuando ministro
sanidad divina es mostrarle a la gente la obra de la redención que Jesús hizo
por ellos, enseñándoles como es que Cristo ya sanó sus enfermedades.
Cuando la gente entiende que la
sanidad por ellos ya fue pagada los animo para que reciban la sanidad que Jesús
hizo por ellos.
Estaba predicando en una iglesia de
Viña del Mar en Chile, cuando al final llegó una hermana con un rostro
completamente decaído.
Le pregunté que tenía y me dijo que
hacía cinco años tenía una migraña constante que no le pasaba con nada; había
ido a muchos médicos y tomado todo tipo de medicinas pero nada mejoraba.
El dolor era tan intenso que en
cinco años había bajado veinticinco kilos.
Esa noche había predicado de la
sanidad en la redención, así que le leí los versos de Isaías, Mateo y 1 Pedro,
y le pregunte: “¿En que tiempo están estos versos?” Y ella me respondió:
“En tiempo pasado.”
Le volví a preguntar: “Si están
en tiempo pasado, ¿Cómo está Ud.?
Vi que una luz se encendió en su
rostro y me dijo: “Estoy sana.”
Le dije: “Si esta sana empiece a
dar gracias por su sanidad, de gracias porque Jesús la sano en su obra
redentora.”
Ella levantó las manos y empezó a dar gracias porque Jesús la había
sanado en su obra redentora.
Cuando terminó de hacerlo le pregunte como se sentía, y ella me
dijo que el dolor se había quitado totalmente.
Lo que no pudieron hacer los médicos
ni las pastillas lo hizo Jesús cuando esta mujer se enteró lo que Él había
hecho en la cruz.
Esto mismo sucederá contigo al darte
cuenta de que Jesús ya terminó la obra de la redención; solo debes
creer que la sanidad ya es tuya y recibir por fe lo que es tuyo.

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